Muy buenos días, soy Fabi. Hay etapas en que necesitamos que la esperanza nos sorprenda. Tal vez este lunes sea una de esas. El alma busca desesperadamente conocer qué pasará mañana para estar tranquila. Suponemos que la velocidad de un momento, de un clic, de un saber nos solucionará la vida. Transitar algún tipo de desierto cansa a todos. Mucho más si ya hemos caminado 10 meses, de un año. Necesitamos el paso del caracol. A veces. ¿Sabías que el caracol puede absorber nutrientes y minerales mientras da sus pequeños pasitos gracias a que son tan lentos a nuestra vista? Y él no podría nutrirse si los procesos fueran más rápidos. En promedio, un caracol tarda siete días en recorrer un kilómetro.
Se necesita determinación y paciencia para alcanzar las metas. Esta mañana pensé en un pasaje que tiene pasos de caracol. Había algo de desierto en la vida de aquel hombre que relata el evangelio de Marcos en el capítulo 3. Ese hombre tenía una de sus manos secas. Jesús entró en la sinagoga y había un hombre que tenía la mano seca, dice el relato. No había mucha esperanza de cambio. Era sábado, estaba prohibido sanar, ayudar, trabajar. Era solo un paso más, casi inútil. Un paso en una semana de un kilómetro. ¿Te has levantado algún día sintiéndote como sólo un día más? Dios, solo estoy dando un paso de caracol. El hombre podría haberse quedado en su casa y nunca experimentar la liberación. Sin embargo, se levantó y apareció.
Entonces, dice Marcos, el Señor Jesús le extiende la mano y la mano quedó sana. Si, te comprendo. Es difícil extender lo que vemos seco. ¿Qué cambio puede haber? Es desierto está y se ve seco. Hoy, cada vez que traemos nuestro desierto, lo que sentimos seco a los pies de Dios, eso es transformado. Tu fe, la mía, está destinada a moverse, a crecer. Extende tu mano aunque no tenga nada, aunque esté cansada, aunque sientas que la sequedad del alma te tiene paralizada, paralizado.
Tenemos un Dios cuyo poder dinámico sorprende nuestro días de pasos de caracol. Hay una antigua versión de tu desierto que está siendo transformada por Dios en ríos de agua viva. Cuando acercamos nuestro corazón al corazón de Dios, comienza lo nuevo y somos sanados. Dios te sorprenderá. Él es hermoso. No importa la velocidad, es de lo que te estás nutriendo y cómo vamos avanzando en nuestro paso a paso. Que tus horas de desierto vayan quedando atrás porque la fidelidad de Dios, su presencia es para siempre.
Que así sea en el nombre del Señor Jesucristo. Amén. Bendecida semana para todos.