Muy buenos días, soy Fabi. Optimismo es esperar que las cosas mejoren. Esperanza es ver a Dios, su amor y su cuidado aún en medio de los vientos en contra de esta vida. En el ensayo La neurociencia del optimismo, su autor expresa que hasta el optimismo tiene un efecto cultural, de acuerdo a las costumbres, a las realidades de las diferentes regiones. La esperanza, en cambio, es más bien un refugio. Es un lugar a donde podemos ir siempre más allá de las circunstancias. Porque en definitiva, ¿Quién o qué cambia? Y eso es lo que me pregunté esta mañana.
Y comencé a leer el Salmo 106. Y aquí se relata la poderosa liberación de Dios para su pueblo. Entonces dice Ellos creyeron las promesas de Dios y cantaron alabanzas. Entonces todo pintaba bien. Dios los liberó. Ellos creyeron y alabaron, pero al observar la siguiente frase, sin embargo, qué pronto olvidaron todo lo que el Señor había hecho. Y aquí hay una confesión, porque más de una vez soy parte del corazón de este pueblo.
¿Has observado este patrón en tu vida? También hace unas horas reconocías la provisión de Dios. Pero ante el problema, el futuro, entonces nos invade el miedo. ¿Qué será de nosotros? ¿Cómo se presentará el mañana? Amigos, es común al ser humano que a veces el optimismo decaiga. Pero también es posible y bueno soltar el futuro y rendirnos y correr al refugio de la esperanza de Dios. El nombre del Señor es un refugio firme hacia Él. Corremos para ponernos a salvo. Dice Proverbios 18. Y yo no voy a esperar una hora más. Aquí mismo, ahora, quiero soltar el control, quiero orar.
Quizá podrías acompañarme vos también, ahí en tu corazón con esta oración. Señor, no sé qué pasará mañana, pero estoy corriendo al refugio de tu esperanza. Ahora mismo. Tal vez los obstáculos se sienten inamovibles. El desierto nos ha dejado sin aliento. Ayudanos a tomar nuevas fuerzas en vos. Te entregamos nuestras cargas, los miedos, esas preguntas. Ayúdanos a recordar y no olvidar cuánto has hecho por nosotros. Lo has dado todo, Señor. Tu reino, tu poder no está en riesgo ni está en problemas. Y entonces tus hijos tampoco. Nuestra alma está bien.
Estamos en tus manos, Señor, y nada nos puede arrebatar de allí. Bendice, alma mía, al Señor y no olvides ninguno de sus beneficios. Salmo 103. Que así sea, en su nombre.