Muy buenos días, soy Fabi. Aquí estoy esperando tiempos mejores. Todos deseamos lo mismo, contesté. Fue un diálogo casual ayer que se unió a otras frases del fin de semana, esto de vendrán tiempos mejores. Y por supuesto, recité a modo de Estímulo Jeremías, capítulo 29. Yo sé los planes que tengo para ustedes, dice el Señor. Planes de prosperidad para darles un futuro y una esperanza. El punto es que en el contexto de Jeremías 29, Dios les estaba motivando a comprometerse con el presente, no solo suspirar por el futuro.
El pueblo tenía la mirada puesta en la salida. Tenían la carpa lista para levantarla y cambiar de lugar, porque el presente no les gustaba, no era lo que esperaban, ni. Ni soñaron. No tenían compromiso porque ese lugar que habitaban no había sido su idea. Y pensaba que todos tenemos temporadas con corazón tipo carpa. Si algo no me gusta, levanto las estacas y me voy. Porque la prosperidad de Dios está en algún otro lugar, otro buen lugar con otras mejores personas, en otro futuro ideal.
Planten árboles, dice el Señor del cielo. Hagan planes para quedarse, cásense, multiplíquense, no disminuyan. Pidan al Señor por la ciudad, porque el bienestar de este lugar dependerá de ustedes, dice Jeremías 29. Solo cuando nuestro hogar es el corazón confiable de nuestro Padre. Sólo cuando nuestro refugio completo es Él, es que somos transformados, nuestras expectativas cambian y el mundo que nos rodea deja de ser el campo de batalla para ser un lugar donde puedo cultivar y cosechar frutos de bendición. Vamos a tener alegría cuando todo cambie. Vamos a ser felices cuando los demás dejen de ser obstáculos. Así piensa la gente con mentalidad de carpa. Este lugar donde estoy, guardo una bendición de parte de Dios para mí hoy.
Las personas diferentes a mí tienen algo que enseñarme. Estoy comprometido, comprometida con el fruto del Espíritu Santo de Dios en mí. Algo de amor, de fe, de paz, de bondad, de templanza saldrá de esto. Tu vida, la mía, está sucediendo ahora. De otra manera, corremos el riesgo de siempre posponer la alegría y la gratitud a Dios cuando las cosas sean diferentes. Busquemos tener ese corazón que descanse en el Señor donde quiera que esté.
Y podamos decir en esta mañana las palabras que dijo Jacob allí en Génesis, 28. Sin duda alguna el Señor está en este lugar y yo no lo sabía. Este lugar es asombroso. Es nada menos que la casa de Dios y la puerta del cielo. Que así sea, en su nombre.