Muy buenos días, soy Fabi. Hoy meditamos en Génesis 15. No tengas miedo, porque yo te protegeré y tu recompensa será grande. Dios le dio estas palabras a Abraham la noche que le hizo una promesa. Le indicó que mirara las estrellas del cielo y le habló de un futuro que Abraham todavía no podía ver. Un incontable nuevo tiempo en su vida. La promesa no incluía estar libre de luchas y de problemas ni de alguna consecuencia por malas decisiones.
Pero Dios mismo sería escudo y protección y su mayor recompensa. Nosotros siempre tenemos la historia de algún pasado. Dios siempre tiene una presencia hoy y un futuro lleno de promesa. ¿Hay alguna voz que esta mañana te esté frenando para seguir adelante? Estoy convencida que la parte más difícil del camino de la fe consiste en permanecer. Recibir la promesa es emocionante, motivador. Pero cuando comenzamos a caminar el futuro y a tomar decisiones es cuando necesitamos recordar imperiosamente que Dios es nuestro escudo. Siempre y para siempre. Un poco más adelante, pero ese mismo día, la palabra de Dios continúa el relato en el versículo 12. Y al ponerse el sol, Abraham se durmió profundamente y se vio rodeado de una gran oscuridad. Y tuvo miedo. Aun en aquella pesadilla, Dios le recordó su presencia. Es como si lo hubiese recordado.
Habrán momentos duros y difíciles, pero saldrán de allí. El futuro era desconocido, pero Dios está presente. No tengas miedo. Yo te protegeré. La promesa es que saldrán de allí. La promesa de Dios abarca, en el caso de Abraham, más de 400 años. La promesa de Dios abarca toda nuestra vida y generaciones futuras. Como aquella escena que no olvido de un pequeño perdido y llorando en un gran supermercado. Y la gente preguntando, ¿Dónde están los padres de este niño?
Tal vez en algún momento nos sintamos algo perdidos en medio del camino. Calma. Está bien. Nuestro padre sigue en el trono y está aquí junto a nosotros. Jamás nos perdemos de su mirada. Él es nuestro escudo. No tengan miedo. Tu padre está aquí. Así es. En su