Muy buenos días, soy Fabi. Estaban del otro lado del Mar Rojo. A veces el resultado nos hace olvidar qué ingredientes componen la victoria. Era el pueblo de Dios cantando porque el Señor había triunfado gloriosamente. Y sus enemigos fueron arrojados al mar. Pero llegó la noche y el canto cesó. Y al amanecer los peregrinos tenían que seguir su camino. El Mar Rojo, tan dulce en victoria, iba desapareciendo detrás de ellos. Y las mamás cansadas cargaban a sus hijos acalorados. Los hombres que hasta hacía unos días se sentían valientes, ahora se preguntaban si no habían equivocado la decisión. Caminaban por el desierto y tenían sed. Era mediodía y divisaron un estanque de agua. Corrieron esperanzados.
Se llevan el agua a la boca, pero la escupen porque el agua era amarga. ¿Qué beberemos? Y la canción de victoria y confianza se olvidó. Y la bendición de ayer se convirtió en la queja de hoy. Pero Dios, como siempre, interviene. Y ellos presencian en ese lugar donde otro milagro. Porque Dios convierte el agua amarga en agua dulce. ¿Recordás algún momento de este 2025 que Dios transformó? ¿Alguna herida, el dolor, el rechazo, alguna puerta cerrada en un lugar de victoria? No sé, tal vez estamos caminando cansados este mediado de noviembre. Pero todavía Dios puede transformar lo amargo en algo dulce.
Aquella gente del desierto necesitaba agua. Y me pregunto ¿Qué es lo que nosotros necesitamos hoy? Porque podemos acercarnos al único que puede transformar y proveer lo que necesitamos en algo perfecto, completo para nuestra alma. A veces pensamos que es la provisión, pero la sabiduría nos enseña que el centro y la clave es conocer cada vez más al proveedor. ¿Conoces realmente a Dios o nos guiamos por lo que alguien nos contó? ¿Cómo lo conocemos?
Acercando nuestro corazón al Suyo. ¿Y cómo me acerco? Tal vez nos preguntamos, tal como lo haríamos con un amigo. Contándole con nuestras palabras cómo nos sentimos, qué necesitamos. Así, tal como estamos hoy, Dios nos da la promesa de su presencia para cada momento de este día. Él nos ama, no nos abandona. Él le da aliento y fuerza a nuestra alma. Pero podemos conocer su promesa y nunca experimentarla. No hace falta volver atrás ni renunciar. Podemos seguir renovados hacia adelante, acercándonos a aquel que es el único que transforma lo amargo de un año en algo dulce y glorioso. Que tengas paz en este día, que vivas con la certeza de que Dios cambia lo amargo en dulce. Que este día toques y pruebes los frutos de la presencia de Dios ahí junto a vos, que es una vida plena, sólida y libre. Que así sea. En su nombre.
Amén. Proverbios 27 El alma necesitada hasta lo amargo se transforma en algo dulce.