Muy buenos días, soy Fabi. En la novela del premio Pulitzer Amada de Toni Morrison, cuenta la historia de una esclava que respondía al nombre de cualquier cosa. Ese nombre le habían puesto sus dueños. Qué duro. Porque no había identidad. No hay significado ni importancia en ese nombre, solo herida, rechazo y todo lo que no debió ser. Amada termina bien. El verdadero amor le trae libertad, restitución y un nuevo nombre.
Esta trama es parte ficción y parte realidad. Pero cuando se trata de Dios y nuestra vida Él tiene la verdadera ocupación de cambiar nombres, de cambiar circunstancias y vidas. Un vistazo rápido y encontramos en la palabra de Dios una lista de veces en las que Dios cambió nombres y hubo transformación y Él sigue haciendo su trabajo de amor también en vos, en mí. Hoy en Apocalipsis capítulo 2 a los vencedores les daré también una piedrita blanca y brillante. En la piedra estará grabado un nombre nuevo, escondido, secreto, que nadie comprende aparte de aquel que lo recibe.
Y la palabra en griego usada en este pasaje es okeios, que habla de un conocimiento profundo e íntimo. Y cuando tomamos el tiempo de estar en ese lugar interior en nuestro corazón, donde se acallan las voces y las etiquetas que nos han definido, es cuando vemos con claridad que siempre hay una historia con propósito escrita por Dios para cada uno de nosotros. ¿Qué nombre estás usando hoy? ¿Qué es lo que reconforta tu alma? ¿Que alimenta tu espíritu?
A veces nos desconectamos del permiso y del propósito que Dios tiene para nosotros y nos parece egoísta preguntarnos qué es lo que le devuelve la fuerza y el consuelo a nuestro espíritu. Y olvidamos que el Señor, nuestro buen Pastor, nos guía con amor a esos lugares. Cuando más nos adentramos de la mano de Dios a esos lugares profundos de nuestro corazón, más paz y esperanza encontramos. Nadie nos conoce como Él y quiere llevarnos hoy a aguas tranquilas y recordarnos que no somos cualquier cosa, somos los amados de su corazón. El Señor me guía a aguas tranquilas. Él renueva mis fuerzas.
Salmo 23. Que así sea en su nombre.