Muy buenos días, soy Fabi. Estamos comenzando la penúltima semana de los audios Aliento para el Viaje y estoy en la cocina de nuestra casa. Tu alma, la mía, es una esponja. Este año hemos absorbido y absorbido. Como cuando pasamos una esponja sobre la superficie y después gotea de lo que está llena. Así nosotros, es una ley, goteamos de lo que estamos llenos. Finales de noviembre y nuestro corazón esponja tal vez se sienta pesado, pesado para levantar la cabeza otra nueva semana. Y entonces abro mi Biblia, justamente donde la dejé marcada ayer, en el Salmo 3. Y la verdad me sorprende porque.

Pero Tú, Señor, eres mi escudo, mi gloria y el que levanta mi cabeza. Antes de seguir, por curiosidad, echo una vista rápida para ver si la palabra esponja aparece alguna vez en la Biblia. Bueno, esas rarezas que se me ocurren. Pero justo aparece en Mateo, capítulo 27. Antes de la muerte del Señor en la cruz, un soldado le da una esponja empapada en vinagre para la sed. Vuelvo, me reenfoco en el Salmo 3. El Señor es mi escudo, protección, eso que me cubre hoy. Y después está la gloria que me recuerda su presencia constante en la luz y en las sombras que puedan tener las horas de este día.

Y levanta aún eso pesado que ha llenado mi alma esponja. Pero su mano y presencia exprime ahora todo desaliento y toda agua amarga que los miedos puedan traer a nuestra vida. Y sumerge nuestra alma en aguas dulces. Esas aguas dulces de su promesa. Y entonces, como sigue diciendo el Salmo, nuestra cabeza se siente más liviana y nos devuelve la claridad para pensar y mirar hacia adelante en este día. Pero Tú, Señor, eres nuestro escudo, cubriéndonos, protegiéndonos de preocupaciones, depresiones. Eres nuestra gloria.

Nada impedirá este día ver la luz de tu presencia, levantar nuestra cabeza, porque nos has dado un lugar de honor en tu corazón. Señor, en este día te agradecemos porque nuestra alma esponja no está llena de vinagre amargo, sino de las aguas dulces y vivas de tu Espíritu dentro nuestro. Son dulces y nuevas cada mañana. Y mirando hacia adelante con nuestra cabeza levantada, podemos decir, Confianza, grande es tu fidelidad, porque tu gran amor jamás se agota. Así es, en su nombre, Amén. Bendecida semana para todos.