Muy buenos días, soy Fabián. ¿Cuántas veces durante este 2025 le pedimos a señor, abrí un camino nuevo aquí, donde no se ve nada? ¿Señor, abrí esta puerta para que pueda avanzar? Dios lo hizo porque nos escucha, por su misericordia, porque nos ama. Y nosotros muchas veces, después de sentir por un segundo que nuestra vida dependía de Dios y hacerle promesas después, muchas veces olvidamos que Dios está en medio de nuestros días. Como aquellos diez leprosos del Evangelio de Lucas, capítulo 17, que gritaban por compasión, clamaban por sanidad, por un cambio en sus vidas.
¿Qué hace Jesús? Los ama. Se acerca, no los rechaza, los sana. Y el relato dice que sólo uno de ellos, cuando vio que estaba sano, regresó donde estaba el Señor Jesús y se arrodilló y gracias, Dios mío, muchas gracias. Al ver esto, dice el relato que Jesús preguntó a sus discí ¿Pero no eran diez los que quedaron sanos? ¿Por qué sólo este hombre volvió a dar gracias a Dios? Y por supuesto, el corazón agradecido recibe una bendición extra que sólo es suya. Y el Señor le tu sanidad descansa en tu confianza en mí. Este es el penúltimo audio. Y como cada mañana, estoy meditando. ¿Cuál es, Señor, ese segundo movimiento de nuestro corazón que hace que lo cambie todo?
Lo pongo en tres regresá, agradecé, confiá. Tal vez el primer movimiento fue de una necesidad absoluta, casi desesperada, pero ahí estuvo el Señor abrazándote. Te escuchó, te ama. El segundo movimiento es que nuestro corazón regrese a la fuente. Porque hay temporadas en que tenemos lo que pedimos y pensamos para qué necesitamos a Dios. Ahora tenemos con Marce, nuestra nietita preciosa. Amparo, la amo con mi vida. A veces tengo el regalo de acunarla hasta que se duerme.
Hace semanas leí que el segundo movimiento de la obra musical invierno de Vivaldi, les da una serenidad a los bebés que los ayuda a descansar, a dormir en paz. Dicen los que saben que en la música los segundos movimientos son de reflexión, traen serenidad. Te propongo un segundo movimiento de reflexión en la presencia de Dios sobre tus días. Tal vez somos como los leprosos que vieron la mano de Dios en ellos, pero se olvidaron de la fuente, como si nunca más necesitáramos a Dios. Qué loco, ¿No?
Estamos a tiempo del segundo movimiento. Es tiempo de reflexión. La gloria y gratitud a quien la merece. Gracias, Señor. Muchas gracias. A la vuelta del camino vamos a necesitar su mano poderosa otra vez en nuestra vida. Porque separados de él, nada podemos hacer. Es tan sencillo como que pongamos en palabras, en un puñado de palabras, esta oración. Señor, gracias. Si estoy aquí es porque tu mano nunca me dejó. Te pido que seas mi compañero de viaje para siempre.
Como aquel hombre del relato. Te doy mi corazón así, entre luces y sombras. Confío en tu amor y obra por mí. Solo tu gracia me levanta otra vez. Confío. Gracias por tu paz. Así es, en el nombre del Señor Jesucristo. Amén. No sigas tu camino ignorando a Dios. Comienza una nueva vida. Dios es todopoderoso. Espera tu segundo movimiento hoy.