Muy buenos días, soy Fabi. De niña he vivido en zona de frío extremo al sur de nuestra provincia. Y recuerdo que algunas veces, en pleno invierno, había que romper el hielo porque el frío congelaba el agua de las cañerías. Se necesitaba que el agua fluyera aún con bajas temperaturas para que la vida siguiera. Hay pronósticos, preocupaciones, tormentas que se desatan, que tienden a congelar el alma. El Señor Jesús dijo en Mateo, capítulo 24 La maldad se multiplicará y el amor de muchos se enfriará. Los pronósticos pueden predecir, pero hay un amor como el de Dios que protege y derrite nuestro hielo. Eso mismo necesita nuestro pequeño mundo ahora mismo. El deshielo de la verdadera esperanza de Dios en cada uno de nosotros. Podemos sentir que el temor, las predicciones, nos encierran en nuestros propios refugios y nos paralizamos ante un sistema que se rige por la fuerza, la amenaza, y no por la misericordia y la esperanza de Dios.
Entonces el amor de muchos se enfriará, dice la palabra. En este día, vos y yo podemos ser un poco de agua caliente que nos recuerde que hay un lugar cálido de refugio bajo las alas del Altísimo. El que habita al abrigo de Dios encontrará descanso bajo la sombra del que todo lo puede. Dios te protegerá con sus alas y bajo ellas estarás seguro. Cuando el amor se enfría al ego se convierte en el centro y construimos nuestros propios castillos protectores de hielo. En cambio, la gente de corazón cálido, encendido por la llama de Dios, se mueve, rompe ese hielo con una oración más, un paso más, un perdón o un abrazo más. Es la manera en la que un corazón se descongela.
Amado Dios, mientras corre nuestro corazón a refugiarse en vos, recordamos que estamos envueltos en tus promesas fieles. Padre, ayúdanos a calmar con tu paz nuestro ansioso corazón. Que en este día extendamos compasión, porque eso es exactamente lo que hemos recibido de tu corazón para el nuestro. Someto todo pensamiento frío, sombrío, negativo, a tu obediencia. Ayúdame a continuar en la llama de tu amor que aviva hoy mi corazón. Que así sea. En el nombre del Señor Jesucristo.
Amén. Bendecida semana para todos.